Grupo de Ayuda Mutua entre padres que enfrentan la muerte de hijos (espacio para dejar comentarios y testimonios)
jueves, 13 de enero de 2011
La respuesta que buscamos está en la ayuda mutua
Siempre va a ser nuestra la responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestra vida.
A pesar, y aún con el peso del dolor, hay algo mucho más grande que trasciende al dolor, que hace que ese dolor sea imbuido de sentido, de modo que el sufrimiento no sea en vano, no sea estéril, que dé frutos, pues si no da frutos ese hijo se ha ido de nuestra vida en vano.
Trabajemos para que la vida de todas esas personas que han quedado imbuidas en tanto dolor, no se destruyan.
Por eso se llama Renacer, porque uno elige nacer de nuevo, pues luego de la muerte de un hijo, sin duda, que la vida tiene un antes y un después.
Un hijo es demasiado importante para solamente dejarnos destruidos por su partida.
Un papá de nuestro grupo dice que si tú te mueres cuando muere un hijo, ese hijo se transforma en tu verdugo y ese es un mensaje que nadie nunca quiere dar, entonces busquemos cómo podemos salir, cómo podemos canalizar todo ese amor que hemos tenido y todavía tenemos por nuestro hijo, y la respuesta está en la ayuda mutua.
Es decir, ayudar a otro papá o a otra mamá que ha pasado por la misma experiencia de vida tan dolorosa y mostrarles que hay un camino más allá del dolor.
(Del Mensaje de Renacer, sobre ayuda mutua: En canal 12 de Montevideo año 2006)
Una razón para seguir viviendo
Hay cosas que uno descubre a partir de esto que nos pasó.
Nosotros nos enfrentados a la disyuntiva de morirnos afectivamente por la partida de Nicolás o seguir viviendo y encontrarle un sentido a esa tragedia, esta es la experiencia más difícil por la que una persona puede pasar.
Nos quedaba una hija, Luciana y tampoco queríamos que ella viera su vida destruida por esta tragedia.
Teníamos que encontrar una razón para seguir viviendo, una razón importante y valedera que tuviese el mismo valor que había tenido y seguirá teniendo Nicolás para nosotros y hallamos la razón en lo que hoy llamamos ayuda mutua.
Nos dimos cuenta que no es una cuestión de conocer sobre la muerte de un hijo, sino que es una experiencia intransferible y solamente podemos ayudarnos entre aquellos que hemos compartido esta experiencia, es decir, con otras personas que hayan pasado por la misma vivencia.
Si todo nuestro dolor sirve para que otra persona, en el futuro, sufra menos, entonces nuestra tragedia habrá tenido sentido.
(Del Mensaje de Renacer, sobre ayuda mutua: En canal 10 de Montevideo año 2006)
Un encuentro entre el YO y el TÚ

Definimos la ayuda mutua como: "Un encuentro existencial de seres sufrientes que confluyen en un objetivo común: trascender el sufrimiento", con lo cual comienza a plasmarse un concepto distinto.
Un encuentro, visto como una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano, en cuyo marco ambos integrantes del par "YO-TÚ" se reconocen en toda su humanidad y, también se reconocen en su singularidad y unicidad, el encuentro se convierte, así, en relación de amor, como sostiene Víctor Frankl.
La ayuda mutua es una obra de amor, no puede no serlo, y el amor es el verdadero encuentro entre personas, relación en cuyo marco ambos integrantes del par “Yo-Tú” se reconocen en toda su humanidad.
Renacer es el encuentro de padres y madres, hermanas y hermanos, abuelas y abuelos que concurren a dar algo de sí mismos en memoria de esos hijos, y si ese algo es el mismo amor que ha de perdurar y derramarse hacia la vida misma, entonces habremos comenzado a recorrer el único camino que esta conmoción existencial nos permite, el camino final de humanización.
Por eso, el verdadero Renacer se halla en el “encuentro”; encuentro que es directo y en el que no se interpone entre el YO y el TÚ ningún sistema de ideas, sin importar la causa de la muerte ni la edad del hijo o hijos al morir, puesto que aquello que une a todos los integrantes es el hecho de haber entregado hijos a la vida antes de lo que hubiéramos deseado.
Hemos pasado, entonces, a considerar al otro como aquel para quien yo soy el otro. Nos hemos adentrado en una relación mucho más madura, más auténtica, menos egocéntrica, una relación basada en el amor.
(Del Mensaje de Renacer, sobre ayuda mutua: En “Un homenaje de amor a nuestros hijos”)
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Ante las luces de las fiestas (para los padres nuevos)
Son caminos a recorrer iluminados por esa estrella fugaz que pasó por nuestras vidas para tocarnos y transformarnos.
Entonces dijimos algo así:
Un día, el dolor golpeó a nuestra puerta… pero el mundo siguió andando…
En ese mundo estaban nuestros otros hijos…, nuestros padres, abuelos que en silencio lloraban a sus nietos…
Y también estábamos nosotros mismos cerrando puertas y ventanas… con el corazón herido, muerta toda esperanza…
Un corazón por cuya herida abierta entraban miles de encontradas emociones… habitaban allí la bronca, el rencor, el odio o los miedos…
Puentes que se rompen. Y nuestra vida deambulaba silenciosa en la oscura noche del alma.
Empero, como en la naturaleza, donde nadie ha podido impedir la llegada de la aurora, llegó hasta nosotros un mensaje de esperanza, llegó el Mensaje de Renacer.
Un mensaje impregnado de amor que nos muestra que detrás de lo que las circunstancias parecen ser, no se agota todo lo que ellas son.
Que el destino no es lo que nos pasa, sino lo que cada uno de nosotros hacemos con aquello que nos pasa.
Que acaso queremos hacer de nuestros hijos aquellos que vinieron a arruinar nuestras vidas.
Que nuestro amor hacia ellos no se ha extinguido, o ¿sólo han sido dolor?
Es, entonces, cuando el amor a nuestros hijos desalojará a aquellas emociones negativas que pretenden gobernar nuestra existencia.
Y paulatinamente en nuestro corazón se encienden nuevas luces y empezamos a ver alrededor nuestro que no estamos solos, que hay una mano invisible que guía nuestros pasos y nuestros hijos se transforman en nuestros maestros, aquellos que vinieron a transformarnos.
¡Qué difícil es al principio!
La tarea es nuestra, porque desde el primer día, podemos elegir como hemos de sufrir, si dignamente o miserablemente. ¿Qué se merecen nuestros hijos?
¿Qué imagen estamos dando al mundo? ¿Que la muerte todo lo puede?
Y no importa si no es en estas fiestas que levantemos, por primera vez, una copa en homenaje a nuestros hijos, pero si un día habremos de hacerlo, ¿por qué demorar ese instante, aunque el brillo de nuestros ojos se nuble por una lagrima?
Quizá sea eso lo que ellos esperan de nosotros.
Ulises, Ana y Enrique
De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay
“Por la Esencia de Renacer”
martes, 21 de diciembre de 2010
RESCATEMOS EL RECUERDO DE NUESTROS HIJOS CON AMOR

“Quizá no haya mejor momento, que al acercarse las festividades del fin del año 2010, para rescatar el recuerdo de nuestros hijos con amor.
Mirando hacia atrás, no podemos creer que hoy, después de más de 22 años, seamos tantos los que hemos elegido la vida y nos hayamos reconciliado con la muerte, algunos quizás todavía no, pero va a llegar el momento que sí y muchos van a ir entendiendo cuando dijimos, en un momento, que el dolor se convierte en una dulce nostalgia; nostalgia en el sentido de extrañarlos sí, pero con inmensa dulzura.
¡Qué hermoso poder recordar a nuestros hijos con amor y no con dolor!
Renacer es una tarea y un aprendizaje de por vida, no nos quedemos cortos, ¡qué hermoso es que todos queramos seguir aprendiendo!
Llega un momento cuando uno ha encontrado el camino de regreso a la vida, que para nosotros en "Renacer", es el servicio, la solidaridad, el altruismo y nos demos cuenta que la vida tiene sentido, que la vida tiene un sentido incondicional y el dolor comienza a suavizarse.
Con cada papá al que le extendemos la mano, se la tomamos, le vemos el rostro y entre las lágrimas logra sonreír, podemos decir: mi hijo está cada vez más vivo en mí; ¡qué lindo es!
Cada persona que sonríe o que sufre un poquito menos porque nosotros nos acercamos y le extendimos la mano y le regalamos una sonrisa y ellos nos regalan una sonrisa a nosotros, eso es sentir a nuestros hijos vivos.
Y ¡qué alegría! porque, entonces, sabemos que estamos haciendo algo perdurable por ellos!
Muchos papás van a ir entendiendo que el dolor se convierte en una dulce nostalgia, nostalgia en el sentido que los extrañamos, pero con inmensa dulzura, así es que podemos rescatar el recuerdo de nuestros hijos con amor y no con dolor.
A veces, solemos decir cosas que, por el momento, por ahí no se entienden, pues son muy fuertes para los papás con el dolor muy reciente, o para los papás que están muy rebeldes y no comprenden algunos conceptos que se vierten, pero siempre les decimos que provienen de otros papas; nosotros también perdimos a nuestro hijo, perdimos a nuestro Nicolás, y lloramos, lloramos desconsoladamente y también nos preguntamos ¿qué sentido había detrás de todo este dolor?, es por eso que podemos decirles cosas que, por el momento, les pueda chocar, pero que les aseguramos, las van a comprender.
Les podemos decir, a los papás que piensan que el dolor dura para siempre, que no es así, y lo hemos dicho muchas veces y lo volvemos a sostener, EL DOLOR NO ES PARA SIEMPRE.
El dolor comienza a suavizarse y aunque esa herida deje de sangrar, aunque ese dolor se vaya suavizando, aunque aprendemos a vivir con ella, aunque nos reintegremos a una vida plena, esa herida va estar allí y nos recuerda siempre que es un esfuerzo de todos los días.
Si lo que nosotros elegimos para la vida es una actitud y esa actitud es una actitud de amor, les podemos asegurar que nunca nos vamos a equivocar; el amor es lo que salva, el amor es lo que nos acerca a la verdad, a la luz.
Nuestro deseo es que en estas festividades vuestros corazones se inunden de esa dulce nostalgia.”
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti
jueves, 16 de diciembre de 2010
Se abren nuevos caminos
De acuerdo con su pensamiento, el hombre es un ser abierto al mundo, orientado a la búsqueda de sentido a las preguntas que la vida le plantea.
De esta manera, nos dice que no somos víctimas del destino, de aquello que la vida nos presenta sin consultarnos, ya que nos da a todos igual oportunidad de responder y es, precisamente, a través de las diversas respuestas que damos a lo largo de nuestra vida, que vamos modelando nuestra identidad.
A su vez, al tomar conciencia de esto, también nos damos cuenta de la importancia de utilizar responsablemente nuestra libertad de elección.
Elizabeth Lukas, dice que en el futuro están todas las posibilidades, de las cuales tenemos que elegir aquellas que tengan sentido.
¿Cuáles son las posibilidades con sentido?
Aquellas que sean buenas para mí, buenas para los que me rodean y buenas para la vida; si no cumplen la triple condicionalidad, no es una elección plena de sentido.
Tenemos todas las posibilidades; se nos abren caminos increíblemente luminosos.
Mamás y papás nuevos, sepan que es así, debemos abrirnos a esas posibilidades, tenemos que abrir los ojos, abrir el corazón y abrir la mente para descubrir que detrás de este dolor que hoy muchos de ustedes están sintiendo, todavía tan fresco, sepan que ahí no se agota todo.
Hay una frase muy linda que leí: “Al sentir esperanza, no estoy negando que las cosas sean como “parecen ser”, simplemente estoy afirmando que en ese “parecer ser” no se agota todo lo que esas cosas son.”
En la situación límite que nos ha tocado vivir de la que “parece” que no hay salida, que no hay manera de vivir la vida plenamente, puedo sentir, sin embargo, esperanza que no es escaparme, que no es ilusionarme; lo que estoy afirmando, al sentir esperanza, es que tras este dolor, tras esta situación, hoy de tanto dolor, no se agota todo lo que esta situación puede ofrecer.
En esta situación, yacen latentes, posibilidades y sentidos que yo puedo hacer realidad, con sólo elegirlas y desarrollarlas.
(Del mensaje de Renacer: En Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay año 2006)
jueves, 9 de diciembre de 2010
Mirar hacia el futuro
La respuesta no está en el pasado, está adelante nuestro, en lo que todavía nos falta por hacer.
No nos detengamos en lo que nos ha pasado, sino tratemos de canalizar nuestras energías acerca de la multitud de posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, una serie de caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero que están allí esperando ser recorridos por nosotros.
Si no los recorremos es por dos razones o porque no tenemos la voluntad o porque tenemos miedo.
Esos caminos están ahí, simplemente esperando que los transitemos.
Simplemente, preguntémonos, nosotros que supuestamente somos la creación más perfecta que existe en este planeta ¿por qué razón tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?
La razón por la que tenemos los ojos adelante es porque tengo que evitar mirarme egoístamente a mí mismo y simplemente mirar y caminar para adelante. Tengo que mirar hacia el futuro.
La vida, dice Víctor Frankl, no es un pergamino que deba ser leído, sino un libro que debe ser escrito, entonces hay que escribir el libro, hay que dejar de entretenerse en leer el pergamino, hay que decir: ¡Basta! no puedo cambiar lo que pasó, no puedo traer a mi hijo de vuelta.
Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.
(Del mensaje de Renacer: En Renacer San José, Uruguay – Reunión con padres)