La palabra trascendencia significa *Proyección*, *Escalar más allá*, *Atravesar el límite*.
Hay una realidad concreta e inmediata y es que hemos perdido un hijo.
¿Qué hay después de este devastador desgarro del alma?
...En un principio la única respuesta es *NADA*. Pasan los días y nuestros ojos ven alrededor a otros hijos, un cónyuge, alguien más; pero solo de la boca para afuera sabemos que debemos estar ahí. Aquí es donde esta realidad concreta se hace eco en nuestra voz porque trascender es sobrepasar los límites de esta realidad. Pasar de un ámbito a otro atravesando el límite que los separa, incluyendo además la idea de superación, significa la acción de sobresalir, de ir desde adentro hacia afuera superando toda limitación.
Si bien es cierto en un principio que una parte de nosotros muere con nuestros hijos, también hay una parte de nuestros hijos que no muere jamás. Este intercambio de existencias solo es posible a través del amor y es en este amor que se construye la trascendencia.
Superar el duelo no significa olvidar ni renunciar al recuerdo. Significa encontrarle a nuestros hijos un lugar en nuestro espacio emocional para seguir viviendo de manera eficaz. Nuestra respuesta al sufrimiento tiene base en la transcendencia y esto implica encontrarle un sentido a la existencia de quien murió y un sentido a nuestra vida, aunque ellos físicamente ya no estén.
La importancia de la autoayuda es fundamental, en cuanto a que podemos comprender, al participar en un grupo de duelo, que no somos únicos en el dolor y de requerir de los demás toda su consideración a nuestro drama. Dejar de pedir respuestas que nadie posee, es probablemente el punto de inflexión, el momento en que comienza en todo duelo su etapa reparatoria .
Comenzamos poco a poco a advertir que nuestra importancia no va más allá de la importancia de los demás, que los demás también sufren y extrañan, es aquí que el egoísmo de creer que somos los únicos que sufrimos, comienza a ceder.
Vamos lentamente pudiendo alzar la vista para mirarnos en el espejo del dolor ajeno, de pronto podemos escuchar, comprender y comenzar tímidamente a ayudar, y es ese aspecto solidario que emerge de nuestro propio sufrimiento, el que permite reparar y repararnos, sentirnos mejores personas, y esto se logra sin duda, a partir de los cambios que en nosotros, ha generado la ausencia.
En todo proyecto de vida aparecen valores de actitud, que apuntan a nuestro crecimiento espiritual y convierten nuestro trabajo interior en un trabajo transcendente que nos prepara para dar ese *Paso más*. Un paso más allá de nuestro ego para descubrir la Verdad que yace en nuestro interior es el significado exacto de la palabra trascendencia.
Alguien me preguntó alguna vez: ¿Y vos cómo sabés esto Eliana?
Por un momento enmudecí ante esa mamá que llevaba 11 años de duelo por la muerte de su hijo e inmediatamente respondí.. A cinco años de la partida de mis hijos, esto es lo único que he podido experimentar desde que comprendí que solo limpiando mi exterior era capaz de llegar a este interior que hoy ves.
Cuántas veces nuestro entorno no nos permite llegar, no nos permite trascender...
*Sí a la vida es acción, es movimiento, es definitivamente remover desde el fondo este gran terremoto del alma y recomenzar sanamente desde y por el amor a nuestros hijos que partieron*
Su amiga de siempre... Eliana
Grupo de Ayuda Mutua entre padres que enfrentan la muerte de hijos (espacio para dejar comentarios y testimonios)
jueves, 11 de agosto de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Los dolientes olvidados
Por lo general, la mamá en duelo acapara la atención. Al papá se les exige proteger a su esposa y mantener el control de la situación. Además, al hombre en nuestra cultura, le cuesta más expresarse. Y como lo comenta Carla Hoffmann, el duelo es algo que tarde o temprano debe vivirse. Y mientras más se retrase, peor.
Por esto, aunque es bueno respetar los tiempos de duelo del hombre y de la mujer, conviene empezar a cambiar la mentalidad de muchos padres frente a la pérdida de un hijo. Todd Pitock, de la Fundación SHARE, en La fortaleza masculina, aconseja a los papás:
El ser estoico es una expresión falsa de la fortaleza. La masculinidad es ser un hombre completo, no una estatua. La valentía es mostrar con palabras, lágrimas o cualquier medio no violento lo que sientes. Es pedir ayuda y dejar que te ayuden. Es la voluntad de admitir tu vulnerabilidad. Finalmente, reconoces el dolor de tu esposa al reconocer tu propio dolor y honras a tu hijo al honrar tus sentimientos.
También, hay que recordar a los hermanos del niño o joven que muere. Ayudar a los niños pequeños a entender sus pérdidas y no marginarlos de lo que está sucediendo en la familia es prioritario para la sana recuperación. Fundación Esperanza distribuye el libro Caleidoscopio del duelo para guiar a los padres durante el proceso que enfrentan los menores. Con actividades sugeridas, el niño puede ir abrazando su dolor y evitar que sus sentimientos puedan afectar su autoestima.
Por su parte, los abuelos también viven una doble pena: perder a su nieto y ver con impotencia cómo sufre su hijo o hija. Ella era mi primera nieta; yo la esperaba incluso antes de que sus papás se conocieran, escribió una abuela. Los abuelos pueden revivir pérdidas anteriores, pero por lo general, tienden a inhibir sus recuerdos ya que centran su atención en los padres del hijo muerto. Y aquí también se recomienda demostrar lo que se siente. No creas que tienes que ser fuerte. Si necesitas llorar, hazlo.
Por esto, aunque es bueno respetar los tiempos de duelo del hombre y de la mujer, conviene empezar a cambiar la mentalidad de muchos padres frente a la pérdida de un hijo. Todd Pitock, de la Fundación SHARE, en La fortaleza masculina, aconseja a los papás:
El ser estoico es una expresión falsa de la fortaleza. La masculinidad es ser un hombre completo, no una estatua. La valentía es mostrar con palabras, lágrimas o cualquier medio no violento lo que sientes. Es pedir ayuda y dejar que te ayuden. Es la voluntad de admitir tu vulnerabilidad. Finalmente, reconoces el dolor de tu esposa al reconocer tu propio dolor y honras a tu hijo al honrar tus sentimientos.
También, hay que recordar a los hermanos del niño o joven que muere. Ayudar a los niños pequeños a entender sus pérdidas y no marginarlos de lo que está sucediendo en la familia es prioritario para la sana recuperación. Fundación Esperanza distribuye el libro Caleidoscopio del duelo para guiar a los padres durante el proceso que enfrentan los menores. Con actividades sugeridas, el niño puede ir abrazando su dolor y evitar que sus sentimientos puedan afectar su autoestima.
Por su parte, los abuelos también viven una doble pena: perder a su nieto y ver con impotencia cómo sufre su hijo o hija. Ella era mi primera nieta; yo la esperaba incluso antes de que sus papás se conocieran, escribió una abuela. Los abuelos pueden revivir pérdidas anteriores, pero por lo general, tienden a inhibir sus recuerdos ya que centran su atención en los padres del hijo muerto. Y aquí también se recomienda demostrar lo que se siente. No creas que tienes que ser fuerte. Si necesitas llorar, hazlo.
A PESAR DE TODO…….
SONRÍO....
Aunque la vida me golpee,
Aunque no todos los amaneceres sean hermosos,
Aunque se me cierren las puertas. Sonrío...
SUEÑO....
Porque soñar no cuesta nada y alivia mi pensamiento,
Porque quizás mi sueño pueda cumplirse,
Porque soñar me hace feliz.
LLORO...
Porque llorar purifica mi alma y alivia mi corazón,
Porque mi angustia decrece, aunque sólo sea un poco,
Porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia.
AMO...
Porque amar es vivir,
Porque si amo, quizás reciba amor,
Porque prefiero amar y sufrir, que sufrir por no haber amado nunca.
COMPARTO...
Porque al compartir crezco,
Porque mis penas, compartidas, disminuyen,
Y mis alegrías se duplican.
¡¡¡Sonrío, sueño, lloro, amo, comparto, vivo.!!! Y por esto cada día doy gracias a Dios que me da un día más...
Aunque la vida me golpee,
Aunque no todos los amaneceres sean hermosos,
Aunque se me cierren las puertas. Sonrío...
SUEÑO....
Porque soñar no cuesta nada y alivia mi pensamiento,
Porque quizás mi sueño pueda cumplirse,
Porque soñar me hace feliz.
LLORO...
Porque llorar purifica mi alma y alivia mi corazón,
Porque mi angustia decrece, aunque sólo sea un poco,
Porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia.
AMO...
Porque amar es vivir,
Porque si amo, quizás reciba amor,
Porque prefiero amar y sufrir, que sufrir por no haber amado nunca.
COMPARTO...
Porque al compartir crezco,
Porque mis penas, compartidas, disminuyen,
Y mis alegrías se duplican.
¡¡¡Sonrío, sueño, lloro, amo, comparto, vivo.!!! Y por esto cada día doy gracias a Dios que me da un día más...
sábado, 7 de mayo de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
Transformar el dolor en amor
En mayo de 1988, perdimos a nuestro hijo Nicolás y entonces vivimos una verdadera conmoción existencial y pasados los momentos iniciales de dolor y tristeza, uno tiene que preguntarse ¿quién soy? y cómo voy a ser después, porque no hay vuelta atrás.
Después de perder un hijo, no somos las mismas personas; entonces esa pregunta ¿quién soy? y ¿quién voy a ser?, se vuelve acuciante si uno no quiere destruirse, pues quedan otros hijos y porque si uno se destruye el mensaje que está dando a la vida es que esos hijos, eventualmente, vinieron al mundo para arruinarnos la vida y ese es un mensaje que nadie quiere dar.
Un hijo representa mucho más que dolor; en realidad representa más, representa amor.
Como institucionalmente no había una respuesta a esa conmoción existencial, empezamos a buscar a otros padres que habían pasado por la misma circunstancia y los invitamos a juntarnos y formar un grupo.
Ellos nos preguntaban ¿qué vamos a hacer? Y nosotros les decíamos, todavía no sabemos, pero una cosa es cierta: no vamos a ser un grupo de llorones, vamos a juntarnos para ver cómo podemos encontrar un sentido, un significado a esto que nos pasó.
Para nosotros la respuesta al problema que se presenta para la recuperación integral de la persona, o sea, la recuperación espiritual, la recuperación emocional, la recuperación afectiva, la recuperación social y a nivel profesional en la actividad que cada uno desarrolle, es estar acompañado con pares en un grupo de ayuda mutua.
Ese es para nosotros el camino.
Nosotros les decimos a todos los papás que quizá no ven en esto el camino para ellos, que por lo menos lo intenten, porque Renacer ofrece un camino positivo, amoroso y que tiene que ver con transformar el dolor, ese dolor tan increíble, transformarlo en amor, porque ¿qué es más fuerte? ¿qué es más fuerte que el dolor? te lo pregunto a ti y me dices el amor…
(Del mensaje de Renacer: En canal 4 de Montevideo año 2006)
Después de perder un hijo, no somos las mismas personas; entonces esa pregunta ¿quién soy? y ¿quién voy a ser?, se vuelve acuciante si uno no quiere destruirse, pues quedan otros hijos y porque si uno se destruye el mensaje que está dando a la vida es que esos hijos, eventualmente, vinieron al mundo para arruinarnos la vida y ese es un mensaje que nadie quiere dar.
Un hijo representa mucho más que dolor; en realidad representa más, representa amor.
Como institucionalmente no había una respuesta a esa conmoción existencial, empezamos a buscar a otros padres que habían pasado por la misma circunstancia y los invitamos a juntarnos y formar un grupo.
Ellos nos preguntaban ¿qué vamos a hacer? Y nosotros les decíamos, todavía no sabemos, pero una cosa es cierta: no vamos a ser un grupo de llorones, vamos a juntarnos para ver cómo podemos encontrar un sentido, un significado a esto que nos pasó.
Para nosotros la respuesta al problema que se presenta para la recuperación integral de la persona, o sea, la recuperación espiritual, la recuperación emocional, la recuperación afectiva, la recuperación social y a nivel profesional en la actividad que cada uno desarrolle, es estar acompañado con pares en un grupo de ayuda mutua.
Ese es para nosotros el camino.
Nosotros les decimos a todos los papás que quizá no ven en esto el camino para ellos, que por lo menos lo intenten, porque Renacer ofrece un camino positivo, amoroso y que tiene que ver con transformar el dolor, ese dolor tan increíble, transformarlo en amor, porque ¿qué es más fuerte? ¿qué es más fuerte que el dolor? te lo pregunto a ti y me dices el amor…
(Del mensaje de Renacer: En canal 4 de Montevideo año 2006)
jueves, 14 de abril de 2011
El egocentrismo conduce a enfoques psicologistas
Nada hace más egoísta al ser humano que el sufrimiento, así es posible ver que el hombre sufriente, literalmente, se dobla sobre sí mismo llegando, sin esfuerzo alguno, a situaciones de intenso ensimismamiento, dando lugar a la categoría existencial de ser para sí mismo, despojado de toda orientación hacia otro ser, hacia el mundo, hacia la comunidad.
Esta situación de concentración acentuada en sí mismo provocada por el sufrimiento, puede perdurar por períodos de tiempo muy prolongados, y en ocasiones de por vida, dando origen a un sufrimiento de carácter atemporal, durante el cual el ser no sólo es un ser para sí mismo, sino también es un ser que no puede ser de otra manera, un ser desprovisto de toda autotrascendencia.
Este estado induce a enfoques psicologistas por los cuales estarán condicionados de por vida al círculo reducido a los sentimiento y emociones, en un estado en el que se da vuelta continuamente, en círculos sin salida, llevando al lamento continuo que impide el salto hacia la dimensión espiritual del hombre, máxima expresión de su libertad.
Sujeto a condicionamientos, sean estos sociales, biológicos o psicológicos, se está determinado por ellos sin poder librarse, lo que significa, nada más ni nada menos que no es ni puede llegar a ser libre.
El hombre puede ilusionarse y dejar que un velo lo cubra, y creer que no es autotrascendente y hacer como si no lo fuera, hecho éste que lo lleva a la desesperación o angustia existencial, que en el grupo se manifiesta por estados de profunda egocentrismo, durante los cuales los padres sólo ven su propio dolor, fenómeno que hemos llamado como “el cortaplumas cerrado”, que impide toda observación e integración al mundo y el salto hacia la dimensión espiritual del hombre.
En cambio, el sufrimiento correctamente vivido despierta la trascendencia dormida. Según Frankl “el hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.
Un nuevo modo de ser se hace presente: un ser para otro.
Este transitar del ser para sí-mismo a un ser para otro, representa el salto a la trascendencia a través de la salida de sí mismo, que se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.
(Del mensaje de Renacer, sobre los peligros que acechan a Renacer: En “Renacer: presente, pasado y futuro”)
Esta situación de concentración acentuada en sí mismo provocada por el sufrimiento, puede perdurar por períodos de tiempo muy prolongados, y en ocasiones de por vida, dando origen a un sufrimiento de carácter atemporal, durante el cual el ser no sólo es un ser para sí mismo, sino también es un ser que no puede ser de otra manera, un ser desprovisto de toda autotrascendencia.
Este estado induce a enfoques psicologistas por los cuales estarán condicionados de por vida al círculo reducido a los sentimiento y emociones, en un estado en el que se da vuelta continuamente, en círculos sin salida, llevando al lamento continuo que impide el salto hacia la dimensión espiritual del hombre, máxima expresión de su libertad.
Sujeto a condicionamientos, sean estos sociales, biológicos o psicológicos, se está determinado por ellos sin poder librarse, lo que significa, nada más ni nada menos que no es ni puede llegar a ser libre.
El hombre puede ilusionarse y dejar que un velo lo cubra, y creer que no es autotrascendente y hacer como si no lo fuera, hecho éste que lo lleva a la desesperación o angustia existencial, que en el grupo se manifiesta por estados de profunda egocentrismo, durante los cuales los padres sólo ven su propio dolor, fenómeno que hemos llamado como “el cortaplumas cerrado”, que impide toda observación e integración al mundo y el salto hacia la dimensión espiritual del hombre.
En cambio, el sufrimiento correctamente vivido despierta la trascendencia dormida. Según Frankl “el hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.
Un nuevo modo de ser se hace presente: un ser para otro.
Este transitar del ser para sí-mismo a un ser para otro, representa el salto a la trascendencia a través de la salida de sí mismo, que se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.
(Del mensaje de Renacer, sobre los peligros que acechan a Renacer: En “Renacer: presente, pasado y futuro”)
lunes, 4 de abril de 2011
Personalismo y moderadores
Si ingresamos a un grupo de ayuda mutua es porque solos no hemos sido capaces de encontrar la solución a nuestro problema. Esto es algo que no puede ser obviado y significa, en otras palabras, que todo lo que hemos hecho hasta entonces no nos ha servido, o no ha sido suficiente para evitar lo que nos ha sucedido, o para sobrellevarlo y, si podemos comprender esto, nos ha de hacer ver que, si no podemos controlar nuestra propia vida, ¡cómo hemos de pretender controlar la de otras personas!, de allí que los grupos sean de pares y se exija una absoluta igualdad existencial entre los integrantes.
El personalismo es tan nocivo porque implica no sólo “des-igualdad”, “des-paridad”, sino también una manera, a veces inconsciente y otras sutil, de ejercer poder sobre otros integrantes.
Sin embargo, sucede que todos los grupos para ser iniciados necesitan personas con empuje, proactivas, que se hagan cargo de tareas iniciales como es buscar un lugar donde funcionar, de visitar los medios de prensa para difundir el lugar y fecha de funcionamiento, y de otras tareas afines y, por lo general, esto les da a algunas personas la sensación de ser irreemplazables en la tarea.
Allí comienza el personalismo que al principio no es objetado, particularmente cuando la mayoría de los integrantes son nuevos, sea por comodidad o porque existe aún poca experiencia con la actividad grupal, pero cuando los miembros comienzan a sentirse un poco mejor y se dan cuenta de la manera en que los grupos están funcionando y de como deberían hacerlo, es allí donde comienzan los problemas
En lo que hace a las personas que eventualmente cumplen con la tarea de moderar una reunión, es evidente que depende de su actitud la bondad del servicio que brindan al grupo. Si desvirtúan su tarea merced al personalismo, en lugar de actuar con una visión de conjunto, quebrantan el factor aglutinante que representa la absoluta horizontalidad. Este problema produce serias fracturas en los grupos y profundo desencanto en muchos de los integrantes.
Lo correcto es que la conducta de los moderadores sea lo suficientemente generosa como para permitir y alentar la participación activa y protagónica de todos los asistentes, lo que facilitará la trascendencia de su sufrimiento y contribuirá a la capacitación necesaria para que todos puedan eventualmente moderar las reuniones de la mejor manera posible, dado que la ayuda mutua no es un regalo sino un préstamo que debe ser devuelto a quienes inicien el camino del sufrimiento más adelante.
El personalismo es un problema más fácil de resolver cuando se lo previene, puesto que cuando ya ha aparecido y se manifiesta con intensidad, tarde o temprano, suele llevar a la división y, en casos extremos, a la disolución del grupo.
A veces puede haber personalismos que pretenden justificarse en la bondad de la tarea realizada, argumentando su necesidad en que otras personas no colaboran o no “tienen capacidad” para llevar adelante el grupo, y que su accionar, si bien autoritario, lo intentan justificar por la abnegada tarea que llevan a cabo.
(Del mensaje de Renacer, sobre los peligros que acechan a Renacer: En “Sobre relaciones interpersonales en los grupos”)
El personalismo es tan nocivo porque implica no sólo “des-igualdad”, “des-paridad”, sino también una manera, a veces inconsciente y otras sutil, de ejercer poder sobre otros integrantes.
Sin embargo, sucede que todos los grupos para ser iniciados necesitan personas con empuje, proactivas, que se hagan cargo de tareas iniciales como es buscar un lugar donde funcionar, de visitar los medios de prensa para difundir el lugar y fecha de funcionamiento, y de otras tareas afines y, por lo general, esto les da a algunas personas la sensación de ser irreemplazables en la tarea.
Allí comienza el personalismo que al principio no es objetado, particularmente cuando la mayoría de los integrantes son nuevos, sea por comodidad o porque existe aún poca experiencia con la actividad grupal, pero cuando los miembros comienzan a sentirse un poco mejor y se dan cuenta de la manera en que los grupos están funcionando y de como deberían hacerlo, es allí donde comienzan los problemas
En lo que hace a las personas que eventualmente cumplen con la tarea de moderar una reunión, es evidente que depende de su actitud la bondad del servicio que brindan al grupo. Si desvirtúan su tarea merced al personalismo, en lugar de actuar con una visión de conjunto, quebrantan el factor aglutinante que representa la absoluta horizontalidad. Este problema produce serias fracturas en los grupos y profundo desencanto en muchos de los integrantes.
Lo correcto es que la conducta de los moderadores sea lo suficientemente generosa como para permitir y alentar la participación activa y protagónica de todos los asistentes, lo que facilitará la trascendencia de su sufrimiento y contribuirá a la capacitación necesaria para que todos puedan eventualmente moderar las reuniones de la mejor manera posible, dado que la ayuda mutua no es un regalo sino un préstamo que debe ser devuelto a quienes inicien el camino del sufrimiento más adelante.
El personalismo es un problema más fácil de resolver cuando se lo previene, puesto que cuando ya ha aparecido y se manifiesta con intensidad, tarde o temprano, suele llevar a la división y, en casos extremos, a la disolución del grupo.
A veces puede haber personalismos que pretenden justificarse en la bondad de la tarea realizada, argumentando su necesidad en que otras personas no colaboran o no “tienen capacidad” para llevar adelante el grupo, y que su accionar, si bien autoritario, lo intentan justificar por la abnegada tarea que llevan a cabo.
(Del mensaje de Renacer, sobre los peligros que acechan a Renacer: En “Sobre relaciones interpersonales en los grupos”)
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