miércoles, 16 de marzo de 2011

La vida nos da una segunda oportunidad

Son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades.

La vida nos da segundas oportunidades cuando estamos cerca de la muerte y nos salvamos, pero también nos la da cuando perdemos un hijo y decidimos vivir, pues si yo me muero con mi hijo, el mensaje que le estoy dando a la vida, es que mi hijo va a terminar siendo mi verdugo y ese es un mensaje que nadie quiere dar.

Entonces, viendo las cosas desde este punto de vista, nos damos cuenta que cuando perdemos un hijo, hablar en términos de duelo, hablar en términos de elaboración de emociones y elaboración de sentimientos, son palabras muy pequeñas para lo que nosotros podemos alcanzar, son logros que si uno mira bien, son subterráneos, pero tienen su lugar y su lugar es a ras del suelo, no es un lugar elevado.

Por supuesto que algunas personas, algunos papás querrán hacer esto y no hay nada malo en que lo hagan, que hagan un duelo y que trabajen elaborando el duelo y priorizando sus emociones y sentimientos, la tragedia, sería que el grupo Renacer no pudiese mostrarle a esos papás que hay algo que trasciende a todo eso, que hay algo que cualitativamente es superior a todo eso.

El hecho de rechazar COMO MODELO DE TRABAJO en los grupos Renacer, la elaboración del duelo, no significa negar su existencia.

Lo que se advierte, es que a partir de una mera elaboración de un duelo, que es un proceso absolutamente individual, egocéntrico y despojado de toda trascendencia hacia otro ser humano, puedan surgir seres más compasivos y solidarios con el dolor ajeno, capaces de elegir libremente la manera de sufrir dignamente, abiertos al mundo en que se insertan, junto a otros padres con quienes comparten dicho mundo y hacer honor al concepto contenido en la frase: “Busqué Dos y no lo encontré; busqué a mí mismo y no me encontré; busqué al prójimo y encontré a los tres”.



(Del Mensaje de Renacer, sobre el poder de transformación: En Huerta Grande 2008 y en “Renacer según la filosofía de Heidegger”)

martes, 1 de marzo de 2011

Estamos frente al máximo grado de responsabilidad de la vida

Como el prisionero, para el padre que pierde un hijo, el tiempo parece ilimitado y eterno. Frankl lo llama "la extraña experiencia del tiempo", un día puede antojársenos eterno, mientras que una semana puede pasar inadvertidamente en su totalidad. Cada día debe ser vivido con todos sus minutos, con los recuerdos diarios y las rutinas sin la presencia del ser amado. Con nuestro hijo muerto sentimos, como lo expresa Frankl que "todo lo que poseemos es nuestra existencia al desnudo".

Nos muestra con toda su crudeza y por primera vez, la transitoriedad de la vida. Enfrenta a los padres con su propia finitud. Como el prisionero, ve ahora la existencia como provisional y de duración desconocida. No sabe cuánto tiempo se sentirá de esta manera, no sabe cuánto tiempo podrá vivir de esta manera.

Frankl nos dice que "el hombre que no puede ver el fin de su existencia provisional es incapaz de plantearse una meta en su vida. Cesa de vivir para el futuro". En nuestro caso la vida misma no puede ser concebida sin ese hijo, esa posibilidad nunca fue siquiera considerada. Por lo tanto debemos encontrarle un nuevo sentido a nuestra existencia.

Hemos perdido aún nuestra identidad, ya no sabemos cuáles son nuestras creencias, y nos cuesta reconocer nuestra propia imagen en el espejo.

Muchos puntos en común con el análisis existencial de Frankl se nos hicieron evidentes, particularmente el hecho que pone el acento en la vida desde este momento en adelante, preocupándose no por los “de donde” y los “por qué” sino por los “para qué” y “hacia donde”, trabajando con los aspectos más fuertes de nosotros mismos, haciéndonos ver que no somos víctimas indefensas del destino, aprendiendo que esa lucha con el destino no es tan desigual como parece.

El destino nos interroga, quizá para algunos las preguntas pueden ser más complejas, el suicidio de un hijo, la pérdida del hijo único, la pérdida de todos los hijos, pero a todos nos da igual oportunidad de responder. Si esta respuesta se canaliza a través de los valores de actitud lo haremos de la manera más digna y elevada que el hombre puede elegir. Pues estos valores que emanan del hombre mismo, no están dirigidos a él sino a la vida misma, a Dios, y representan el máximo grado de responsabilidad individual ante la vida.

Los valores de actitud son la respuesta existencial del hombre frente a situaciones que no pueden ser cambiadas, en las que sólo queda la actitud a tomar, viviendo nuestra vida tratando sólo de comprenderla tal como es y vivirla con coraje, no escapándose de ella, no ocultándose de ella, enfrentándola con valentía.

(Del Mensaje de Renacer, su fundamento filosófico: En “La muerte de un hijo. Resolución a través de la Ayuda Mutua” y en “La pregunta sobre el sentido de la vida” Revista Mexicana de Logoterapia 2002)

El lenguaje del hombre que lucha por encontrar sentido a los interrogantes de la vida

Nuestro trabajo en Renacer está profundamente influenciado por la obra de Víctor Frankl; en su obra hemos encontrado los fundamentos antropológicos y filosóficos necesarios para llevar adelante esta tarea.

Nuestra introducción a Frankl vino un año después que habíamos comenzado a trabajar con los grupos; inicialmente trabajábamos de una manera intuitiva, con el concepto de que en medio de tanta adversidad, nosotros debíamos no solo sobrevivir, sino llevar nuestro sufrimiento con dignidad, "caminar con la frente alta", decíamos. Estábamos siendo, sin advertirlo, testigos del despertar "del poder indomable del espíritu", llegándose muy profundo dentro de la dimensión de la libertad humana no sujeta a leyes deterministas.

Un año después un "regalo de Dios" vino a nuestras manos en forma de un pequeño libro: "El hombre en Busca de Sentido" de Víctor Frankl.

Al leerlo experimentamos el fenómeno del ¡ahá!, ¡aquí está!

Como ya hemos señalado, Frankl entiende al hombre como un ser consciente y responsable, viviendo en la tensión entre el ser y el deber ser y guiado por la permanente búsqueda de sentido a las preguntas que la vida le plantea, su sistema presenta la particularidad de ser aplicable tanto como modelo terapéutico, por el hombre enfermo, como por el hombre no enfermo, que busca respuestas a sus interrogantes existenciales, es, precisamente, es en este último sentido que nosotros hemos aplicado la filosofía frankliana.

El mismo Frankl ha dicho en sus obras que la Logoterapia no es sino el lenguaje del hombre común y corriente que lucha por encontrar sentido a los interrogantes de la vida, traducido al lenguaje de la ciencia.

El modelo frankliano nos facilitó el lenguaje y los conceptos para definir y transmitir lo que ya experimentábamos, lo que percibimos en nuestro propio despertar a una nueva manera de vivir, lo que sentimos en esa nueva dimensión de nuestro ser al luchar con dignidad, al ser capaces de enfrentarnos y oponernos a esa parte nuestra que quiere morir con nuestros hijos.

Para describir este proceso de transformación interior a otros padres que están por comenzar este trágico y a la vez maravilloso camino, para esto nos sirve la Logoterapia.

Pero, si bien ha sido la obra de Frankl, la que nos dio los fundamentos teóricos, fue su vida la que nos dio un mensaje invalorable y nos sirvió de ejemplo: prisionero en cuatro campos de concentración nazi durante la segunda guerra mundial donde perdió a su esposa y un hijo por nacer, su madre, su padre y un hermano y, aun así, pudo decir “A pesar de todo sí a la vida”.

(Del Mensaje de Renacer sobre, su fundamento filosófico: En Revista Mexicana de Logoterapia 2002

Un aporte hacia los próximos 50 ó 100 años de Renacer

Hubo una frase de la Dra. Kübler Ross que nos llamó mucho la atención, esa frase dice: “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un hijo, podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual.”

A partir de ahí, empezamos a buscar, empezamos a leer para encontrar una definición adecuada de lo que es la espiritualidad que sirviese a Renacer y la encontramos cuando llegó a nuestras manos un libro de un filósofo francés llamado Michel Foucault.

Foucault llama espiritualidad a la búsqueda, a la práctica o las experiencias, mediante las cuales el sujeto efectúa en sí mismo las transformaciones necesarias para tener acceso a la verdad; para. él espiritualidad es el conjunto de esa búsqueda y agrega que sin una transformación, la persona no puede acceder a la espiritualidad y con ello a la verdad.

Explica que esas prácticas o métodos consisten, entre otros, en el ascetismo, en la meditación profunda y en los cambios existenciales; esto último, los cambios existenciales, es lo que nos atañe a nosotros porque nuestra existencia cambió en el mismo momento que murió un hijo.

Como sostiene Foucault, los cambios existenciales son la puerta de acceso a la espiritualidad; en otras palabras, a través de un cambio existencial el hombre, si lo desea, si es corajudo, si continúa en este viaje, puede tener acceso a la dimensión espiritual, cuyo resultado será estar en la verdad.

Concordantemente, Víctor Frankl dice: “El sufrimiento posee no sólo dignidad ética sino también relevancia metafísica: hace al hombre lúcido y al mundo transparente”, y estar en la verdad significa estar lúcido, estar despierto, estar consciente y ver al mundo como realmente es, sin ningún velo que lo cubra.

Foucault va más allá y dice que a través de las conmociones existenciales, en las que una persona resulta verse bruscamente de cara a la verdad, tiene, como contrapartida, la paz interior y el cese de todas las turbulencias de las emociones.

En esencia, la muerte de un hijo que es una situación límite, al producir un cambio existencial, abre una puerta de acceso a la espiritualidad y como consecuencia se puede llegar a la verdad y la verdad tiene una contrapartida que es la paz interior.

Cuando tratamos de definir a la espiritualidad entramos en terrenos complejos en los que a la intuición le faltan las palabras para definirla.

Las lenguas occidentales poseen términos muy deficientes para definirla; por esa razón hemos acudido a conceptos del Dalai Lama que nos da una definición de espiritualidad que transcribimos porque nos parece adecuada para todas las creencias, sean o no religiosas:

"La espiritualidad me parece algo relacionado con las cualidades del espíritu humano, como son el amor y la compasión, la paciencia, la tolerancia, el perdón, la contención, el sentido de la responsabilidad, el sentido de la armonía, etc., que aportan la felicidad tanto a uno mismo como a los demás. Así como el ritual y la oración, junto con las cuestiones del nirvana y la salvación, están directamente relacionadas con la fe religiosa, estas cualidades internas, las espirituales, no tienen por qué estarlo. Por lo tanto, no existe razón alguna por la cual no deba el individuo desarrollarlas, incluso hasta su grado máximo, sin recurrir a ningún sistema de creencias religiosas o metafísicas. Por eso digo algunas veces que la religión es algo sin lo cual nos podríamos pasar. En cambio, de ninguna manera podemos prescindir de esas cualidades espirituales básicas."

Prestemos atención aquí a aquello que es de capital importancia; Foucault dice en palabras claras lo que muchos de nosotros hemos experimentado, que las modificaciones de la existencia son puerta de acceso a la espiritualidad, que aquellos a quienes se les cambia la existencia radicalmente, se les otorga como premio el de acceder a la verdad y por ende a la libertad.

Interróguense ahora, a ustedes mismos, si no es correcto decir que después de perder un hijo ya no podemos seguir siendo la mismas personas que antes, como hemos sostenido desde la primera reunión de Renacer, el 5 de Diciembre de 1988, que es imposible volver a ser la misma persona, siendo “la misma persona menos un hijo”, que es imposible porque en nuestras vidas se ha producido un cambio radical.

Esta manera de acceder a la verdad, nos coloca en el pensamiento filosófico y no en el psicológico, otra de las razones por las que es incorrecto fundamentar la tarea del grupo en el análisis de las emociones y sentimientos.

Entonces, para que se dé la espiritualidad en una persona es preciso que el sujeto se modifique, se transforme, se convierta, en cierta medida, en distinto de sí mismo, pues la verdad sólo es dada al sujeto a un precio que pone en juego el ser mismo de éste, o sea que no puede haber verdad sin una transformación del sujeto.

Foucault, cita lo que él llama efecto "de contragolpe" de la verdad sobre el sujeto, y aquí tenemos algo sumamente importante para nosotros los que permanecemos en grupos de Ayuda Mutua, insistiendo en que la verdad no es simplemente lo que se da al sujeto para recompensarlo; la verdad es lo que ilumina al sujeto, lo que le da la bienaventuranza, lo que le da la tranquilidad del alma.

Si nosotros no somos capaces de ver a Renacer con estos ojos, jamás seremos capaces de comprender la razón por la que muchos integrantes permanecen por años en un grupo, precisamente, porque han accedido a la verdad y con ella a la liberación y la paz del alma.

Renacer es un lugar donde vamos a dar lo mejor de nosotros en nombre de todos los hijos que, con su partida, han contribuido a despertar espiritualmente a tantos padres a ser seres solidarios y compasivos, receptivos al dolor de los que sufren.

El padre que a través del dolor descubre, asombrado, su dimensión espiritual, y a través de ella su capacidad de trascender y renunciar a su sufrimiento, lo hará a través de lo que escucha en Renacer y de su propio camino intuitivo, alimentado por el amor que encuentra en el recibimiento y en las reuniones en sí, y no lo hará porque lo leyó en los objetivos, menos aún si se hace con la visión reduccionista y psicologista de quienes niegan en el ser humano su dimensión espiritual.

Así también decimos que la paz y la serenidad no son objetivos en sí mismos, sino el resultado de una tarea bien hecha al trascendernos para acercarnos al otro ayudándolo a recuperar su esperanza, nace en nosotros una paz interior profunda y perdurable.

El Mensaje de Renacer lo que hace, realmente, es despertar la fuerza indómita del espíritu de cada papá cuando entra a Renacer.

El Mensaje de Renacer, asentado en los valores espirituales, los valores más humanos del hombre, sostiene que de una experiencia tan dolorosa pueden surgir seres más fuertes, más solidarios y compasivos, capaces de vivir una vida plena de sentido, afirmándose de esta manera como una escuela de vida.

En la dimensión espiritual es donde se generan los fenómenos más humanos del hombre: el amor, la libertad y la responsabilidad, que son los que nos permiten darnos cuenta de un hecho capital para enfrentar nuestro destino: una cosa es lo que nos ha pasado y otra cosa, y muy distinta, es lo que cada uno de nosotros decide hacer con aquello que nos ha sucedido.”

Es necesario trabajar con una nueva realidad, una realidad que ha estado oculta, pero que comienza a dejarse ver a través de este camino de espiritualidad al que la muerte de un hijo nos abre las puertas, toda otra visión, todo otro proyecto, enfrentado a éste queda disminuido.


Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

Renacer es un grupo ecuménico que apela a la responsabilidad como valor neutro

Es menester aclarar, y eso lo tienen que saber todos, todos lo tienen que saber; Renacer es un grupo ecuménico, es decir, que no nos identificamos con ninguna religión aceptamos a todos los papás que tengan la religión que tengan y aún aquellos que no la tienen y no practican ninguna fe, es más, algunos vienen peleados con Dios y otros jamás necesitaron de una religión y a veces esos papás no se sienten tan comprendidos porque se encuentran con que la mayoría de los papás de los grupos son practicantes y hablan del reencuentro con los hijos y ellos sienten que, en realidad, no se van a reencontrar con los hijos.

Bueno, a ellos también los tenemos que aceptar. Y no tenemos que tratar de convencer al papá de que crea que se va a encontrar con su hijo, yo digo lo que yo siento y bueno, yo creo que me voy a encontrar con mi hijo, pero si ese papá o esa mamá no piensa lo mismo, yo debo respetar esa manera de pensar y ese papá y esa mamá tiene que saber que, justamente, si ellos piensan que esto es todo lo que hay, pues entonces, tengo que dedicarme a vivir en plenitud esta vida que tengo acá y con más razón, ser el guardián del mensaje en nombre de mi hijo.

Si un papá quiere hablar de religión lo escuchamos pero no hacemos debate sobre la religión, no le decimos a un papá que debe ser creyente para salir adelante, respetamos sus creencias, apelando a la responsabilidad de las personas.

Una de las cosas más hermosas y poderosas del mensaje de Renacer, tomado de Víctor Frankl, es la apelación a la responsabilidad, que es una apelación a un valor neutro.

(Del Mensaje de Renacer, sobre fundamento filosófico: En Revista Mexicana de Logoterapia 2002 y en Huerta Grande 2008)

miércoles, 16 de febrero de 2011

Un deseo, consciente o no, de logar una transformación Un camino a la espiritualidad


Hemos visto que la mayoría de los padres dolientes que se acercan a Renacer lo hacen porque no les gusta la forma en que están viviendo sus vidas.

Podemos decir que toda persona que ingresa a un agrupo de ayuda mutua lo hace porque está atravesando una circunstancia de su vida muy difícil para ser trascendida individualmente, y si bien es verdad que los padres inicialmente identifican "trascendencia" con "dejar atrás el dolor", pronto se dan cuenta que, fundamentalmente, significa elevarse por encima de sí mismos para dirigir su esfuerzo y amor hacia otros.

Esto implica un deseo, consciente o no, de lograr una transformación interior, de ser, de alguna manera, diferentes y por sobre todo, mejores personas de lo que fueron alguna vez.

Desde ese momento, el grupo se vuelve una entidad capaz de facilitar su crecimiento interior.

En muchos grupos esto es descrito como un camino a la espiritualidad.

Los padres en los grupos son testimonio viviente de que hay una dimensión en el ser humano que lo ayuda a trascenderse a sí mismo hacia metas más allá de sí, hacia un sentido que está más allá de sus necesidades personales, es la dimensión espiritual.

Es la libertad individual lo que le da propósito y sentido a la vida, y nosotros sabemos que esto es lo menos que les debemos a nuestros hijos y a nosotros mismos.

Renacer es un grupo de crecimiento interior y transformación y como tal de potencial ilimitado.

Confrontado el hombre con una verdadera conmoción existencial, como es la pérdida de uno o más hijos, tarde o temprano se enfrasca en un diálogo mano a mano con su conciencia; allí surge, sin cuestionamiento o racionalización alguna, todo aquello que debe ser cambiado.

Pero todo cambio asusta y más un cambio existencial; allí es donde el grupo acompaña a cada uno de sus integrantes a dar ese gran salto, le apoya y fortalece, le da las herramientas para ese cambio que, después de todo, sólo puede hacerse en la más absoluta soledad existencial.

(Del Mensaje de Renacer, su fundamento filosófico: En “La pregunta sobre el sentido de la vida”)

sábado, 5 de febrero de 2011

Grupos Renacer

Ayuda mutua para padres que enfrentan la muerte de hijos.

BOLETIN ELECTRONICO Año.XI, Nro.130 , marzo de 2011




--------------------------------------------------------------------------------

Colabore enviando material, necesitamos su aporte.

Nuestra página en Internet: Grupos Renacer allí podrá descargar los números ya editados.


--------------------------------------------------------------------------------

En este Número:

1) Escuchar al corazón y pensar con él
2) Meditación 23 – Anthony de Mello
3) Mati – Beatriz Delpero
4) Equilibrio interior – Bernabé Tierno
5) Si a la vida – Vesika Cravioto
6) El tiempo El dolor La muerte - Krishnamurti

Contenido


Escuchar al corazón y pensar con él

Hacia una nueva forma de vida

Qué difícil se hace para los padres a quienes se nos han muerto hijos, lograr paz y serenidad .Poder procesar la pérdida de modo que la misma se positivice, no nos ahogue, y nos sirva como experiencia de vida, como enseñanza. Es toda una meta esta búsqueda, pero es lenta, tortuosa, y en el camino se encuentran muchos obstáculos. Quizás porque nos ceñimos a los procesos mentales, racionales, o porque pretendemos encontrar, desde la razón pura, desde la mente, una explicación, una respuesta, sobre el sentido, el motivo, o el significado de la pérdida. Desde nuestra experiencia, nos ha resultado útil intentar explorar otros caminos, y por ello acercamos estas breves reflexiones de trabajo al Grupo, para su análisis y discusión.

(Daniel y Gabriela Vítolo)

EL PENSAMIENTO DEL CORAZÓN

La muerte de nuestro hijo nos enfrenta con el gran dilema de la vida en general, y de la nuestra en particular. Luego del impacto inicial, del shock, donde nada tiene sentido y todo parece absurdo, no sabemos quienes somos, indefectiblemente se nos presenta el período de elaboración del duelo y de la pérdida.

Y allí vienen las preguntas, el dilema, la angustia de no poder saber buscar, y de tampoco entender detrás de qué respuesta, ni tampoco de qué pregunta vamos.

Buscamos las respuestas para el misterio de nuestro hijo; las que respondan el misterio de su vida y de su muerte. Y, en definitiva, también buscamos respuestas que iluminen la noche de nuestra propia muerte.

Es que la angustia es tanta; la sensación de desprotección, de soledad, de dolor, son tan patéticas, que se presenta en nosotros, que se presenta en nosotros una profunda sed y necesidad de comprender, de entender, de encontrar significado a lo ocurrido.

Y allí nos ponemos a pensar. Afectamos todas nuestras neuronas, toda nuestra mente, todos nuestros conocimientos, a esta empresa enorme de “pensar”, en la búsqueda de “...entender”.

Sin embargo...no encontramos respuesta alguna.

Es que, con frecuencia, y desde la costumbre tan apegada a nosotros, de querer racionalizarlo todo, encaramos caminos que nos llevan a senderos sin destino ninguno, tratando de aprehenderlo todo con la razón. Llegar a la comprensión de lo que nos pasa desde y por la cabeza, por medio –exclusivamente de la inteligencia.

Nos olvidamos entonces de nuestro principal medio de pensamiento, que es el corazón. Y encontrarnos con esta novedad, con esta olvidada costumbre humana; y hacerla carne conlleva a una larga lucha nuestra; como la de todos los hombres.

Tenemos ya internalizado, pegado, como si fuera un acto meramente reflejo, el principio de que “tenemos la cabeza para pensar”; de que el proceso de pensamiento y entendimiento, pasa por la cabeza, por el cerebro, por eso que llamamos “mente”.

Sin embargo, parecería ser que no es esto lo que nos enseñan nuestra experiencia personal, nuestros principios religiosos, ni los maestros espirituales. Las Escrituras y la experiencia de quienes han accedido a obtener la paz y serenidad, parecen insinuar en forma directa una idea distinta.

En efecto; insiste el salmista en recordar que “Dios ha dado al hombre un corazón para pensar”; y nos recuerda el proverbio: “Por encima de todo guarda tu corazón, porque de él brotan todas las fuentes de la vida”.

Salomón pidió al Dios como única gracia “...un corazón que entienda...para discernir” , y le fue concedido “un corazón sabio e inteligente”, “...un corazón tan dilatado como la arena a la orilla del mar”.

Un corazón que puede ser también reflexivo, y que puede acceder a la comprensión, a la búsqueda de razones y de respuestas. La Virgen –señala la Escritura “...guardaba todas esas cosas y las meditaba en su corazón”.

Ezequiel habla de la necesidad de “un corazón nuevo”, los profetas recurren sistemáticamente a actitudes de “desgarrar el corazón”, y a la búsqueda de un “corazón puro”

Es decir que podemos llegar a estar muy lejos de la verdad, y de nuestra recuperación, si buscamos “pensar”, “entender”, “comprender” e –inclusive “cuestionarnos” desde la “mente”.

Como tantas veces se ha recordado, la distancia más grande del mundo es de 40 cm.; que es la distancia que separa la mente del corazón.

Y esa distancia se convierte, a veces, en un abismo insondable, en un precipicio insorteable, que impide y bloquea la comprensión; comprensión que, para los cuestionamientos existenciales del ser humano, no puede obtenerse desde la mente, sino desde una razón más profunda, que es la del corazón.

Si comprender es abarcar o rodear por completo una cosa, lo más objetivamente posible, esa comprensión sólo puede venir desde el corazón. Y en especial de un corazón puro; sin prejuicios emocionales, sin historia, sin heridas. Un corazón abierto y desgarrado, un corazón que deja ver su más pura esencia y conformación .

LAS RESPUESTAS DEL SILENCIO

“Cuando el hombre se detuvo a interrogarse no ya sobre un aspecto particular y accidental de su vida, sino sobre la existencia como tal, no sobre un significado parcial, sino su sentido global...como primer paso...calló. Comprendió que lo esencial se escucha callando, se escucha en la medida en que callamos las miles de preguntas con las que ahogamos la respuesta, la pregunta última y primera. Calló y buscó su lugar, un lugar más vasto, un valle más abierto que su desfiladero mental, más dilatado que su aparato conceptual, con menos laberintos que su oído carnal; buscó su corazón, su oído cordial.” (Hugo Mugica, “Kyrie Eleison, Un método de meditación cristiana”)

Ello tiene especial importancia en el tránsito por el dolor y el sufrimiento, lo que ha sido considerado muchas veces no sólo un gran misterio del hombre –misterio quizás mayor que el de la vida, sino también el fundamento íntimo de la existencia histórica del hombre.

Y la búsqueda de sentido y respuestas frente al dolor, generan –justamente este conflicto entre la mente y el corazón.

¿Dónde buscar la paz y la serenidad, que tanto necesitamos en este momento?

Si esperamos la respuesta desde fuera; si la pretendemos dada como receta o fórmula estamos perdidos. Nunca llegará. Y no llegará porque es imposible que alguien tenga receta para otro, o que existan fórmulas mágicas aplicables a cada una de las personas que sufren y, al mismo tiempo, a todas ellas. Sería el contrasentido de admitir que las personas no son individualmente únicas. Sería destruir el misterio propio del hombre; su identidad, su carácter común y diferenciado de existencia. Sería pretender ignorar el milagro mismo de la Creación.

Del mismo modo, si lo que buscamos es encontrarnos con nuestra propia esencia, mal podemos imaginar que la respuesta está fuera nuestro. Por el contrario, es dentro nuestro donde debemos buscar. Una respuesta surgida de nosotros, desde nuestra más profunda intimidad, para el problema y el cuestionamiento que nos conmueve.

Y allí las opciones son claras pues no hay más que dos fuentes a las cuales recurrir para un proceso de razonamiento: la mente y el corazón. Distinta naturaleza para cada una de ellas. Y distintos modos de funcionamiento. Una pugna entre dos sistemas, entre dos realidades, entre dos perspectivas.

La lucha que se presenta entre la mente y el corazón –si no se hace prevalecer en algún momento una sobre otra bloquea toda posibilidad de progreso en nuestro camino, ya que las razones de ambos difieren y mutuamente se anulan..

La mente y el corazón mantienen una relación dialéctica, en una suerte de conflicto de poderes. Hay que descartar que mantengan por siempre una relación amigable, al igual que también podemos descartar que sus relaciones sean permanentemente hostiles. Muchas veces coinciden, y otras tantas discrepan, sin descartar que hasta se enfrenten.

Y ello ocurre, según nos parece, frente alas dos grandes pasiones del hombre: el amor y el dolor.

En el estado actual de nuestro proceso de duelo, y del tránsito del dolor –hecho carne en “sufrimiento”, es donde el conflicto aparece patente. La mente y el corazón están enfrentados. Y allí viene el dilema: tenemos que elegir, o al menos, privilegiar.

La razón dela mente nos muestra objetivamente –salvo un bloqueo cosas que no queremos aceptar; pero que son realidades. Que nuestro hijo ha muerto; que ya no lo volveremos a ver; y que la vida sigue su curso. Una cruda realidad tan impactante como fría. El pasado , el presente y el futuro. ¿Por qué?. No lo sabemos. Pero es así.

Es decir, que lo que la mente nos brinda son sólo datos – reales por cierto aunque no nos gusten, pero no respuestas. Y si en ella buscamos respuestas, difícilmente las encontraremos; menos aún las respuestas que buscamos, aquellas que puedan llevarnos a obtener paz y serenidad.

Y ello es así, también en la medida en que la mente no tiene procesos espontáneos de pensamiento, o mejor dicho de “razonamiento”, sino que requiere de nuestro esfuerzo, de que la alimentemos con preguntas y elementos para el proceso de razonamiento que lleve a la respuesta. Proceso de razonamiento que –por otra parte viene condicionado por todos los filtros culturales, formativos y conceptuales. Como lo llama Mugica: un “aparato conceptual”

Por el contrario el corazón es espontáneo. Sólo late, se hincha, se dilata, se contrae, se alegra, sufre, se brinda, se repliega, pero desde sí, y por sí solo. Pero, además,” piensa”

Y brinda razones propias, genera sentimientos distintos de los de la mente. Recuerda cuántas veces hemos dicho –desde nuestra adolescencia ese viejo latiguillo de que “...el corazón tiene razones que la razón no comprende”.

Si de elecciones se trata, entonces, parecería que lo “razonable” –aunque resulte paradójico es buscar al corazón para que sea quien lleve adelante nuestro “razonamiento “ en este proceso y en este tránsito.

Pero...¿cómo podremos escuchar al corazón si no callamos; si lo ahogamos a preguntas; si no lo dejamos que se tome su propio tiempo? ¿Cómo podremos entender su mensaje si no dejamos – por obra de la mente que el corazón se exprese a su manera?. Que razone como sólo él sabe?

Este es un camino de trabajo al cual te invitamos. A que juntos intentemos aprender a buscar y recibir una nueva forma de respuesta.

La que llega sola, la que brota de lo más íntimo.

La que brota de un proceso que desplaza la mente para dejar que el corazón hable y genere respuestas. Con su ritmo, con su latido, con su tiempo, con su forma. Enviando esos mensajes que trascienden cualquier cuestionamiento mental. Brindando sensaciones para nuestra vida; y llevándonos desde la intuición inicial, hasta el conocimiento profundo, final, de que aún tenemos –aunque de otra forma a nuestro hijo en nosotros; y su amor pleno.

Para ello debemos callar y dejar que el corazón hable.

Sólo así nos parece podremos hallar paz y serenidad desde el misterio de la vida y de la muerte de nuestro hijo. Y desde allí, en una proyección que nos lleve a una nueva forma integral de vida. Desde un corazón puro y sabio, reflexivo y profundo. Inquieto por los misterios del hombre, de la vida y de la muerte, del sufrimiento y de la paz. Desafiante pero comprensivo. Sereno y bondadoso. Sensible pero sólido.

Una nueva forma de vida y de pensamiento. Obra de nuestros hijos muertos, y presencia viva de ellos en nosotros. Desde su propio silencio; y desde ese silencio que permite que el corazón hable; y que nosotros lo escuchemos.

Intentémoslo. Aún es tiempo de cambiar para bien desde el dolor.

Contenido
Meditación 23 – Anthony de Mello



«Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar»

(Mt 14,23)

¿No se te ha ocurrido nunca pensar que sólo eres capaz de amar cuando estás solo? Pero ¿qué significa amar? Significa ver a una persona, una cosa, una situación, tal como realmente es, no tal como tú la imaginas, y reaccionar ante ella como merece. No puedes amar lo que ni siquiera ves.

¿Y qué es lo que te impide amar? Tus conceptos, tus categorías, tus prejuicios y proyecciones, tus necesidades y apegos, los «clichés» que tú mismo has elaborado a partir de tus propios condicionamientos y experiencias pasadas. Ver es la más ardua tarea que un ser humano puede emprender, porque requiere una mente alerta y disciplinada, mientras que la mayoría de la gente prefiere ceder a la pereza mental antes que tomarse la molestia de ver a cada persona y cada cosa de un modo siempre nuevo, con la novedad de cada momento.

Liberarte de tus condicionamientos para poder ver es bastante difícil. Pero el ver te exige algo aún más doloroso: liberarte del control que la sociedad ejerce sobre ti; un control cuyos tentáculos han penetrado hasta las raíces mismas de tu ser, hasta el punto de que liberarte de él es tanto como despedazarte.

Si quieres comprenderlo, piensa en un niño al que se le inocula el gusto por la droga. A medida que la droga penetra en su cuerpo, el niño se va haciendo adicto, y todo su ser demanda a gritos dicha droga. Llega un momento en que la falta de la droga le resulta tan insoportable que prefiere morir.

Pues bien, esto es exactamente lo que la sociedad hizo contigo cuando eras un niño. No te estaba permitido disfrutar del sólido y nutritivo alimento de la vida: el trabajo, la actividad y la compañía de las personas y los placeres de los sentidos y de la mente. Se te hizo tomar afición a unas drogas llamadas «aprobación», «aprecio», «éxito», «prestigio», «poder»... Una vez que les tomaste el gusto, te hiciste adicto a ellas y empezaste a temer la posibilidad de perderlas. Sentías terror con sólo pensar en los fallos, en los errores o en las críticas. De modo que te hiciste cobardemente dependiente de los demás y perdiste tu libertad. Ahora tienen otros el poder de hacerte feliz o desdichado. Y, por más que detestes el dolor que ello supone, te encuentras completamente desvalido. No hay un solo minuto en el que, consciente o inconscientemente, no trates de sintonizar con las reacciones de los demás, marchando al ritmo de sus exigencias. Cuando te ves ignorado o desaprobado, experimentas una soledad tan insoportable que acudes de nuevo a los demás mendigando el consuelo de su apoyo, su aliento y sus palabras de ánimo. Vivir con los demás en este estado conlleva una tensión interminable; pero vivir sin ellos acarrea el agudo dolor de la soledad. Has perdido tu capacidad de verlos con toda claridad tal como son y de reaccionar adecuadamente ante ellos, porque, en general, tu percepción de ellos está oscurecida por tu necesidad de conseguir la «droga».

La aterradora e ineludible consecuencia de todo ello es que te has vuelto incapaz de amar nada ni a nadie. Si deseas amar, has de aprender a ver de nuevo. Y si deseas ver, has de renunciar a tu «droga». Tienes que arrancar de tu ser esas raíces de la sociedad que se te han metido hasta los tuétanos. Tienes que liberarte de ellas. Externamente, todo seguirá como antes, y tú seguirás estando en el mundo, pero sin ser del mundo. E internamente serás al fin libre y estarás absolutamente solo. Es únicamente en esa soledad, en ese absoluto aislamiento, como desaparecerán la dependencia y el deseo y brotará la capacidad de amar, porque ya no verás a los demás como medios de satisfacer tu adicción.

Sólo quien lo ha intentado conoce el terror de semejante proceso. Es como si te invitaran a morir. Es como pedirle al pobre drogadicto que renuncie a la única felicidad que ha conocido y la sustituya por el sabor del pan, la fruta, el aire limpio de la mañana y el frescor del agua del torrente, mientras se esfuerza por hacer frente al síndrome de abstinencia y al vacío que experimenta en su interior una vez desaparecida la droga. Para su enfebrecida mente, nada que no sea la droga puede llenar ese vacío. ¿Puedes imaginar una vida en la que te niegues a disfrutar de una sola palabra de aprobación y de aprecio o a contar con el apoyo de un brazo amigo; una vida en la que no dependas emocionalmente de nadie, de manera que nadie tenga ya el poder de hacerte feliz o desdichado; una vida en la que no necesites a ninguna persona en particular, ni ser especial para nadie, ni considerar a nadie como propio? Hasta las aves del cielo tienen nidos, y los zorros guaridas, pero tú no tendrás dónde reposar tu cabeza a lo largo de tu travesía de la vida.

Si alguna vez llegas a ese estado, al fin sabrás lo que significa ver con una visión despejada y no enturbiada por el miedo o el deseo. Y sabrás también lo que significa amar. Pero para llegar a esa región del amor deberás soportar el trance de la muerte, porque amar a las personas supone haber muerto a la necesidad de las mismas y estar absolutamente solo.

¿Cómo se llega ahí? A base de un incesante proceso de concienciación... y con la infinita paciencia y compasión que deberías tener para con un drogadicto. También te ayudará el emprender actividades que puedas realizar con todo tu ser; actividades que de tal manera te guste realizar que, mientras te ocupas en ellas, no signifique nada para ti ni el éxito ni el reconocimiento ni la aprobación de los demás. E igualmente útil te será volver a la naturaleza: despide a las multitudes, sube al monte y comulga silenciosamente con los árboles y las flores, con los pájaros y los animales, con el cielo, las nubes y las estrellas. Entonces sabrás que tu corazón te ha llevado al vasto desierto de la soledad, donde no hay a tu lado absolutamente nadie. Al principio te parecerá insoportable, porque no estás acostumbrado a la soledad. Pero, si consigues superar los primeros momentos, no tardarás en comprobar cómo el desierto florece en amor. Tu corazón romperá a cantar, y será primavera para siempre.


Contenido
Mati – Beatriz Delpero

No quiero que tu seas
un doloroso recuerdo,
ni que te vaya borrando
con mano de olvido
el tiempo.

Quiero que tu seas
algo dulce como caramelo
que saborearé a solas
en apretado silencio.

Algo tierno, como un cuento
que mil veces he de contarlo
tu corta vida reviviendo.
Cuento de princesa rubia
que se hizo sol, que se hizo viento
se volvió flor, lluvia
pájaro y voló al cielo.

Quiero que tú seas
nuestro más dulce recuerdo.

Contenido
Equilibrio interior – Bernabé Tierno

La paz con uno mismo y con los demás es hermana gemela del equilibrio y si de verdad deseamos la paz necesariamente habremos de poner fin a las hostilidades luchas e inquietudes que fatigan el cuerpo y el espíritu. El equilibrio nos vendrá siempre del interior de la aceptación propia y de la aceptación de los demás. Por el contrario la intranquilidad y el desasosiego tienen como fuente primordial la batalla que todos libramos en nuestra propia mente al proponemos objetivos incompatibles en conflicto ya que hacemos depender nuestra paz interior nuestro equilibrio de que los demás cambien.

Es frecuente que achaquemos nuestros estados depresivos nuestro mal carácter nuestra desidia o nuestra desgracia a que familiares. amigos compañeros de trabajo vecinos o conocidos no respondan exactamente con su conducta a las expectativas concretas que teníamos sobre ellos ni persiguen el objetivo que nosotros les habíamos fijado. Perdemos los nervios nos desequilibramos y atormentamos porque los demás no amoldan su vida y su conducta a la nuestra y por eso les acusamos de ser la causa de nuestras desdichas y de que vivamos tan alterados.

Es absurdo hacer depender nuestro equilibrio nuestra felicidad nuestra paz interior del cambio de conducta que lleven a cabo otras personas en relación con nosotros sencillamente porque al proponemos como meta cambiar a otra persona le estamos otorgando el poder de decidir si disfrutaremos o no de paz y de felicidad. No existe una pretensión o una actitud más inmadura e infantil y sin embargo pocos adultos llegan a comprender en su vida que la paz la madurez mental y el equilibrio son siempre un proceso interiordinámico y privativo de cada individuo.

Es cada persona quien decide elige y crea su propio clima interior y exterior de equilibrio y de paz precisamente fomentando en su mente pensamientos de paz equilibradores de acogida y de amor.

Si no aceptamos a los demás como son con sus limitaciones y defectos damos entrada en nuestro corazón al desasosiego las lamentaciones y los sentimientos negativos y de destrucción- Es cada persona ella solita quien crea sus propios estados depresivos de frustración de venganza de confusión y de ira al plantearse objetivos en conflicto uno de los cuales quizá el más grave sea el hacer depender el propio equilibrio la paz mental de los cambios que realicen otras personas. Son nuestros pensamientos quienes deben cambiar para lograr el equilibrio.

¿Cómo puede encontrar cualquiera su propio equilibrio personal y mantenerlo?

Con la auto observación con la vigilancia interior Cada vez que te descubras a ti mismo culpando a otros de tus desgracias y problemas pretendiendo cambiarles para que se amolden a tus deseos y pretensiones estás alentando tu propio desequilibrio. Siempre que dentro de ti en tu mente o en tu corazón se produzca una reacción desequilibrada equilíbrala al instante recurriendo al amor la comprensión el perdón y la generosidad.

Contenido
Si a la vida – Vesika Cravioto

¿Cuantos años tienes? 20, 30, 40, 50 alguna vez dentro de los años que tienes has pensado o sentido que no necesitas a tus padres? Alguna vez has escuchado decir que bueno que soy huérfano(a), o conoces a algún niño que sufre cualquier tipo de dolor que no deje de llamar a su madre!! Lees los periódicos o ves la televisión nunca has visto la cara de los niños que están solos en el mundo, nunca has escuchado la frase ¡si estos niños hubieran tenido a su madre o a su padres la vida para ellos hubiera sido distinta! Alguna vez has pensado que seria de tus hijos si tu no estuvieras con ellos, crees que existan niños, jóvenes o adultos que sean felices porque no tuvieron padres!!!

Creo que no, creo que desde que nacemos hasta que morimos ¡¡siempre!!

Deseamos tener la presencia, el apoyo y/o el apapacho de nuestros padres, aún hasta de nuestros abuelos, entonces me pregunto ¿Por qué eres tan egoísta? ¡SI! Porque deseas morir dejando a tus hijos solos, te quieres morir para seguir al hijo o hija que ya no te necesita!!! Si porque aquel hijo que se nos fue, date cuenta ¡¡ellos!! Ya no nos necesitan!! Están en un plano diferente al nuestro, ellos están mejor que nosotros.

Si, la partida de nuestros hijos nos cambio la vida, si!!! Ahora sufrimos, nos duele, estamos desorientados, como bien dicen ¡¡me quisiera morir!! Pero!!!! Y tus demás hijos, velos? Escoge a cual de tus hijos le darías a la muerte a cambio de que te regrese al que se ha ido, ¿para que? ¡Para que no sufras!

Cuando mi hija murió y la estábamos velando levante la vista y pensé ¡Señor porque te la llevaste! y hagan de cuenta que me contesto!! Mira a todos los que están aquí, -di una vuelta completa con la vista y vi a toda la familia- y otra vez escuche esa voz dentro de mi que pregunto ¿a cual de todos ellos quieres que me lleve a cambio de Yeralda? ¡Me tengo que llevar a uno!, tu escoge a cual me das?... Y nunca pude contestar esa pregunta.

Yo te preguntaría ahora ¿a cual de tus hijos le das a la muerte para que no sufras? A ninguno verdad!! Por eso la vida, la muerte, el destino o lo que pueda ser, creo yo, nos lleva sin pedir permiso, nos quita la vida en el momento en el que no la esperamos, porque nunca podríamos darle a la muerte a ninguno de nuestros seres queridos, nos negamos a dejarlos ir aunque estén enfermos, aunque estén discapacitados, aunque estén viejitos, aunque nos hagan sufrir.

Entonces por favor no digas me quiero morir, cuando tienes a un esposo o a una esposa al que prometiste acompañar hasta que la muerte los separe, tienes aún a tus padres, de la edad que sea, quieres que ellos sufran lo que tu estas pasando, solo porque quieres dejar de sufrir ¡tu! ¿Entonces que los demás sufran? ¡Tu no!! Quieres dejar a tus hijos de la edad que sean ¡huérfanos! ¡Solos!, a la buena de Dios, sin un guía, sin un alguien que se parta en pedazos por sacarlos adelante, por cuidarlos de las adversidades de la vida, quieres que todos sufran ¡¡menos tu! por eso te quieres morir.

No hermano piensa en los seres que te necesitan, en tus hijos pequeños y grandes de igual forma te necesitan y les haces falta, cuantos hijos se pierden en los vicios, cuantos sufren por padres o madres postizos que nos los quieren por mas que ellos se esfuercen, cuantos hijos pasan hambre porque no hay una madre o un padre que les provea un hogar, un techo, un plato de comida, porque un padre o madre que se llame así, deja de comer por darle a sus hijos, deja de ser el o ella por ayudarlos.

No dudes ni un momento ¡le haces falta a tus seres queridos!, yo ya no tengo a mi hija desde hace dos años un mes y 5 días, y créanme que aún la extraño como el primer día, sin embargo todos los días doy gracias a la vida por un nuevo día, porque puedo ver por mis padres que me necesitan, porque tengo un hijo de 24 años que también me necesita y me necesita fuerte, feliz y dispuesta a apoyarlo, a aconsejarlo a brindarle todo lo que como madre puedo aportar a su vida, porque tengo un nieto de 4 años al que le prometí a mi hija que cuidaría de él, mi vida de algún modo quizá muy pequeñito aporta algo a los demás.

A mi hija la traigo en mi mente y en mi corazón las 24 horas del día, y es la que ahora me da la vida, me da el coraje, me cuida y me acompaña con una sonrisa en mi sentir, ella siempre demostró amor y felicidad hacia la vida, entonces con esa misma actitud enfrento mi día a día, vivo por ella, porque ahora me ayuda a tomar decisiones, cuida a su hermano cuando se va de fiesta, acompaña a mi nieto a la escuela y vela su sueño, ella mi Yery, ella ya no me necesita, mas necesito yo ahora de ella, por eso me atrevo a escribirles HERMANOS de RENACER ¿porque algunos quieren renunciar a la vida que se les esta dando? ¿Porque piensan en morir si dejan en la orfandad a los hijos que aún les viven?, luchen hasta con los dientes por salir adelante, por vencer la depresión, en nombre del hijo que ya no esta, háganlo en nombre de la gente que vive por ustedes, que nació de ustedes y por la familia que ustedes formaron y de la que forman parte, la vida es hermosa aún y aunque nos haya cambiado.

De todo corazón para aquellos que sienten que la vida ahora no tiene sentido, yo les digo cuesta mucho trabajo, esfuerzo y decisión pero si se puede, SI A LA VIDA A PESAR DE TODO.

Verónica mama de Yeralda.

Contenido
El tiempo El dolor La muerte - Krishnamurti



El hombre que no le tiene miedo a la vida, no teme sentirse completamente inseguro, pues comprende que internamente, psicológicamente no hay seguridad. Cuando no hay seguridad, hay un movimiento que nunca termina y entonces la vida y la muerte son iguales. El hombre que vive sin conflicto, que vive con belleza y amor, no teme a la muerte, porque amar es morir.

Si usted muere a todas las cosas que conoce, incluyendo su familia, sus recuerdos, todo lo que ha sentido, entonces la muerte es una purificación, un proceso rejuvenecedor; entonces de la muerte nace la inocencia. Y sólo el inocente es apasionado; no así la persona que cree, o que quiere descubrir lo que ocurre después de la muerte.


El texto completo en nuestra página Renacer en Internet.


--------------------------------------------------------------------------------

Que cosa extraña es el hombre,
nacer no pide,
vivir no sabe,
y morir no quiere'

Envía Jorge Anchordoqui

Hasta la próxima!!